jueves, 15 de octubre de 2009

DIALOGO DE BESUGOS



Estamos demasiados habituados a los espectáculos que los miembros de este gobierno que tenemos la desgracia de sufrir, nos escenifica, un día sí y otro también, en el Parlamento Español.

El principal partido de la oposición, en cumplimiento de sus obligaciones, hace una serie de preguntas al gobierno. Estas preguntas responden a hechos improcedentes o extraños o posturas poco explicadas de nuestro gobierno y por lo tanto deben de ser respondidas adecuadamente

Si se le pregunta a alguien el porqué de una actuación concreta, como puede ser la negativa a dotar de protección militar a los pescadores españoles, la respuesta no puede ser la de mencionar el caso Gürtell. Si la pregunta se dirige sobre la crisis económica, no es admisible se me conteste con la guerra de Irak.

Esta postura del PSOE es totalmente inadmisible.

El Sr. Zapatero tiene la obligación de gobernar. Y hacerlo conforme a las directrices emanadas del Parlamento, que es donde reside la Soberanía Popular. Las respuestas a las cuestiones que se le presenten deben de ser diáfanas, concretas y suficientes. Lo contrario es incumplimiento de sus obligaciones.

Lamentablemente estamos demasiado acostumbrados los españoles a los incumplimientos del Sr. Zapatero. No dice una verdad ni cuando se equivoca. Hace caso omiso a la Constitución y desprecia las Instituciones del Estado.

Recuerden el asunto de la Ley de Financiación Autonómica, diseñada, negociada y decidida al margen del Senado. Acuérdense del mandato del propio parlamento sobre la disolución de los ministerios de Igualdad y Vivienda, que ignoró por completo.

Así no podemos seguir. Necesitamos de unos gobernantes que nos respeten, que no nos engañen y que contesten a las preguntas que se le hacen. Que no nos envuelvan en palabras bonitas, pero sin sentido alguno, que no dicen nada y encima ocultan la verdad.

Esperemos que el Sr. Zapatero dure yá muy poco. El daño causado es mucho y no nos quedan demasiadas reservas a las que echar mano.






jueves, 1 de octubre de 2009

ESPAÑA, ¿REPUBLICA FEDERAL?


Desde hace algún tiempo está creciendo el rumor acerca de un cambio del sistema de estado en España. Se está sugiriendo una reforma de la Constitución para la instalación en nuestro país de una república de corte federal.

Como toda propuesta política, ésta es digna de todo respeto y perféctamente susceptible de análisis y estudio. La forma de estado no es en si misma determinante para garantizar la libertad de los ciudadanos, como tampoco lo es como garantía de democracia ni de estabilidad. En la historia hay sobrados ejemplos de monarquías y de repúblicas cuyo funcionamiento ha dejado mucho que desear.

Entonces lo que en mi opinión es importante de planificar con mucha paciencia, buen sentido e inteligencia es el cómo se organizan las instituciones del estado. Del buen diseño de las instituciones, su buena coordinación y de la garantía de mutuo control y supervisión de las mismas depende su funcionamiento. El nombre que le queramos dar es totalmente secundario.

En España hemos escogido un modelo de estado descentralizado en 17 territorios a las que llamamos de muchas formas, Comunidades Autónomas, Países, incluso nacionalidades. Yo sugiero llamarlas Regiones. Entre unas y otras hay una fuerte disparidad de competencias y de niveles que provocan más problemas de los esperados, incluso tensiones graves y peligrosas.

Es necesario igualar el nivel y unificar criterios. Lo que algunos llaman "café para todos". Sólo desde la igualdad se puede coordinar con justicia y equidad. También es necesario dotarse de una institución que las coordine dentro de la unidad del estado y respeto a sus competencias.

Es el Senado, que debería fomar parte útil dentro de las estructuras funcionales del estado, con carácter decisorio en sus competencias. Su composición debería responder a la característica de representación territorial.

La soberanía nacional estaría representada por el Parlamento y sus miembros elegidos por sufragio universal entre partidos o coaliciones de implantación nacional sin connotaciones seccesionistas.

Por último el Gobierno Nacional, compuesto por un Presidente y sus Ministros. El Presidente sería elegido por mayoría parlamentaria. En su cargo irían las responsabilidades de formar el gobierno, nombrando a sus ministros e iría unido a la Jefactura de Estado.

Por supuesto el Parlamento, como depositario de la Soberanía Popular, controlaría al Gobierno, lo cesaría y sustituiria si fuese necesario, incluido el Presidente.