Bién está lo que funciona y sirve a los fines para los que ha sido diseñado o creado.
Partiendo de esta premisa hemos de analizar la conveniencia de mantener o emendar lo que tenemos. Si lo que tenemos funciona, ¿Para qué cambiarlo?. Las lagunas, flecos o problemas, ¿Tienen corrección?, pues corrijamos lo que proceda.
Hace unos días, el Sr. Cayo Lara tubo una audiencia con D. Juan Carlos, Rey de España. Creo que fué una reunión muy divertida para nuestro monarca, el Sr Cayo Lara se presentó con traje informal y luciendo una insignia republicana en la solapa le explicó el cómo se estaba trabajando para instaurar la III República en España.
No creo posible que Su Majestad sea muy favorable al sistema republicano, pero tampoco veo muy probable que la exposición del Sr Lara le quite el sueño, sobretodo si tenemos en cuenta el potencial político de Izquierda Unida. De todas formas si creo conveniente hacer unas consideraciones sobre el tema.
En estos momentos, la monarquía está cumpliendo con su cometido. En mi opinión muy satisfatoriamente. El problema grave que tiene España no viene por su forma de estado sino por lo mal que lo están haciendo nuestros "democráticos" gobernantes. La falta de rigor en la aplicación de nuestra Constitución, permitiendo los profundos y peligrosos desafueros de los nacionalistas, que se aprovechan de las ambiguedades de nuestra Carta Magna para destrozarla, es lo que más lamento de nuestros actuales gobernantes.
Que es conveniente una reforma constitucional, nadie lo niega. Pero las cosas hay que hacerlas bién y la paz y la convivencia entre españoles es lo suficientemente serio para que el esfuerzo y la buena voluntad sean de la máxima exigencia. ¡No vale improvisar!.
Cuando se hagan las propuestas de cambios y modificaciones, es imprescindible que éstas sean claras, razonables y necesarias. Además deberán de ser concienzudamente explicadas al ciudadano para que éste pueda entenderlas y valorarlas y su voluntad sea respetada.
Termino insistiendo en el rigor y la seriedad. Nada de aventuras. Nada es bueno ni malo de por sí. La bondad de un sistema político es su funcionamiento y España tiene suficiente historia para saberlo. Hagamos las cosas bién o por lo menos no caigamos en viejos errores.
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